Reykjavik se construye alrededor de un mordisco del Atlántico a la tierra. Es una sonrisa. Ahora no anochece aquí, así que corro a una hora que no importa, esa sonrisa, como un hormigueo por su labio de abajo. Los puños cerrados por el frío apenas entré en Hringbraut, mucho más en Skothusvegur, que acaba sacándote a la playa y del resguardo de las paredes. El faro de Nes, inquietante, a lo lejos, se ve desde toda la carrera como final. Comienza a chispear. El horizonte se pierde y el mar se confunde con el cielo nublado. Sigo. Hay pájaros que no volveré a ver, una luz indescriptible y rocas heladas. El faro parece estar lejísimos hasta poco antes de llegar y descubrir que la marea lo ha olvidado en una isla efímera. Paro. Se puede volver o continuar por una playa de arena negra a la derecha. Entonces suenan The Wombats y Moving to New York y ¿Quién dice no a una playa volcánica?. Venga va. Sólo un par de canciones, ya estoy empapado y a la vuelta el viento siempre va en contra.
La Melva en principio no tiene nada que ver con el morrón
Hay que acabar con este lío.
La melva es un pez con aletas radiadas y se ordena dentro de los perciformes. Suele fluir en las barrigas de mares tapados por climas tropicales y pesar alrededor de un kilo. Si son pequeñas, se las conoce como melvas canuteras, más valiosas y sabrosas.
La caballa se parece bastante, pero es más pequeña y no le teme a mares fríos, a los que atraviesa como brillantes puñales de agua junta.
El bonito también tiene un aire y, por cierto, salvo en las latas, no tiene nada que ver con el atún, mucho mayor, más aristocrático, valioso y azulado.
Cela, premio nobel, tuvo esta misma duda hace tiempo
Joaquín Sabina entrevistaba a su héroe y amigo José Tomás para El País "¿Eres consciente del insoportable brillo de tu ausencia?"José Tomás tragaba saliva y sin renunciar a su frecuente mirada perdida respondía: "Las ausencias que más duelen no son las elegidas"
Hay pocas veces en las que tanta gente coincida y vea a la vez en un vivo, las características de un mito. Con José Tomás, sucede.
AnyaBartels es una fotógrafa alemana que vino hace unos años a España y conoció a José Tomás. Vio algo en él y decidió seguirle y fotografiarlo. Se hicieron amigos y tras doce años presentó su libro "José Tomás: Claves rituales de un enigma".
Da igual si te gustan los toros o no, la fuerza de sus fotos es tal, que pueden servir tanto para la pancarta de un antitaurino como para anunciar la Feria de San Isidro.
Robert Johnson o '¿Qué soy torpe tocando la guitarra? Os vaís a cagar'
Cuando Keith Richards le escuchó por primera vez preguntó ‘¿Quién es este?’. ‘Robert Johnson’ le respondieron. 'Vale, ¿y el otro que toca con él?’
De Johnson se dice que fue el inventor del blues a pesar de que sólo hay 29 canciones suyas, tres fotografías y una historia misteriosa. Guitarrista mediocre, Johnson desapareció durante un año sin dejar ni rastro de su pequeño pueblo en el delta del Missisippi. Al año justo volvió con una técnica y un ritmo que nunca nadie había visto u oído. Todos los guitarristas de la zona se rindieron a su virtuosismo y se corrió la voz de que Johnson había vendido su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de poder disfrutar del mayor talento posible tocando la guitarra durante ocho años. A alimentar la leyenda vinieron gestos como que apenas accedía a grabar y que cuando lo hacía, tocaba de frente a una pared, sin que nadie pudiera verle la cara. A los ocho años de aquel supuesto pacto, sorprendentemente alguien envenenó su whisky y Robert Johnson falleció. La letra de su "Me and the Devil Blues", una de sus más famosas canciones, es premonitoria: "Early in the morning, when you knock at my door. Early in the morning, when you knock at my door. I said 'Hello Satan', I believe it's time to go"
José Navarro es el primer maestro ronero de Havana Club y el responsable de que la compañía cubana se haya metido en producir Máximo, el que dicen que es el ron más caro del mundo. Normalmente estos precios suelen ser más una estrategia de marketing que una consecuencia de la calidad, pero Máximo tiene buena pinta. Envejecido en roble blanco, se presenta en una botella numerada de cristal soplado y tallado en Londres que viene dentro de un cofre de madera francesa. Según Navarro 'es imposible, no ya hacer un ron mejor que Máximo, sino simplemente igual. Hemos conseguido el milagro de embotellar el alma del ron' (Esa última frase me encanta)
Sin embargo, los hay que dicen que tampoco es para tanto y que el mejor ron sigue siendo Homere Clement, de Martinica.
En Sevilla hay un sitio en el que lo sirven. Habrá que reservarlo para una ocasión especial.
Por cierto, la botella de Máximo sale a 1000€ y sólo se obtienen 100 al año. De ellas, a España se mandan 7.Si te encaprichas, aquí te lo traen, más caro y en dos semanas.